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LUCHEMOS CONTRA LAS DICTADURAS

Saúl Hernández Bolívar                                                 

Oremos por Venezuela, en sus calles se está jugando también el futuro de Colombia.

A pesar de que Juan Manuel Santos es Nobel de Paz y uno de los 100 personajes más influyentes del mundo, según la revista Time, es realmente difícil encontrar a un mandatario más desprestigiado. Nunca antes un Sumo Pontífice le había concedido una audiencia al presidente de una nación haciendo extensiva la invitación a su más acérrimo opositor, ni es común que el presidente de la nación más poderosa del mundo se reúna primero con un jefe de la oposición que con un presidente en ejercicio, pero con Santos nada es para sorprenderse.

Exceso de celos despertó el encuentro entre Uribe y Pastrana con Donald Trump. Primero, el Gobierno reaccionó con encono por el ardor que sintió en su rabo de paja y lo catalogó como traición a la patria. Uno de los más críticos fue el general Naranjo, al que se le olvidó su indigno papel de informante de la Embajada de EE.UU., como lo constatan los Wikileaks. Después, nos quisieron hacer creer que la reunión con Trump fue un asunto casual, como si cualquiera pudiera entrar a un exclusivísimo club a comerse una hamburguesa y toparse con el presidente de la primera potencia mundial en un pasillo.

Los tiempos cambian. ’El gobierno de Obama fue deplorable para la región y para el mundo. Descuidó su ‘back yard', permitiendo el acercamiento e injerencia de Rusia y China. Fortaleció la dictadura cubana restableciendo relaciones diplomáticas sin que ello significara una mejora de los derechos humanos en la isla o avances democráticos. Apoyó las negociaciones con las Farc sin considerar las exageradas concesiones realizadas. Y, ante la situación venezolana, cerró los ojos y miró para otro lado.

Hoy, la única opción para Venezuela, antes de que se desate una cruenta guerra civil o de que haya un exterminio de opositores —un verdadero genocidio—, es que Trump mande por Maduro y su pandilla como Bush padre mandó por Noriega, en 1989, o como Reagan mandó por un dictadorzuelo de la isla de Granada (Hudson Austin), en 1983. Lamentablemente, Trump tiene otras prioridades y Venezuela no le importa a nadie; al bravo pueblo le va a tocar defenderse solo.

Ahora viene Santos a retirarle su apoyo a esa dictadura reivindicando que hace seis años le advirtió a Chávez sobre el fracaso de su revolución. Puro cinismo, porque desde que llegó a la presidencia se convirtió en validador del socialismo del siglo XXI y transformó a Chávez en su “nuevo mejor amigo” para que este le sirviera de garante del proceso de paz con las Farc. En eso, Maduro no se equivoca: Chávez fue determinante para que las Farc se le apuntaran a la estrategia de convertir la paz en la continuación de la guerra por otros medios. Ahí está lo que el dictador venezolano, en su desespero, podría develar; que todo esto es un ardid para conquistar el poder con el pretexto de una paz ilusoria, sin libertades, en una dictadura marxista.

Mientras tanto, el proceso de reinserción muestra grietas por todas partes. El Ejército encontró una caleta de las Farc con diverso tipo de armamento, incluyendo 54 fusiles, a pesar de que Santos había dicho que la ONU ya tenía en su poder las 14.000 armas de las Farc. Luego se precisó que eran 7.000. Pero alias ‘timochenko’ disimula el incumplimiento con el cuento de que hay 900 caletas reportadas a la ONU para que esta haga acopio del armamento. Un promedio de 50 fusiles en cada una totalizaría los 45.000 que los expertos les atribuyen, pero no hay más que dudas.

Lo mismo ocurre con la denuncia de María Corina Machado y del gobernador del estado de Amazonas, en Venezuela, de que en esa región hay 4.000 guerrilleros de las Farc. Es decir, no participan en el proceso los milicianos (al menos 7.000), no participan centenares de disidentes, no participa un número indeterminado que se pasó al ELN, no participan los que están en Venezuela… ¡Una verdadera farsa!

Oremos por Venezuela, en sus calles se está jugando también el futuro de Colombia.

 

 

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LA JURISDICCIÒN ESPECIAL PARA LAS FARC

Pcastro jaime
 
09 de abril 2017 , 10:46 p.m.

¿Cree que a raíz de la movida del uribismo ha quedado abierta la puerta para que muchos acudan a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) a alegar que les revisen sus sentencias, porque su caso tuvo relación directa o indirecta con el conflicto armado?

Lo que está ocurriendo con su secretario ejecutivo, Néstor Raúl Correa, muestra de entrada la problemática jurídica de la famosa Jurisdicción Especial para la Paz. Son muchas las preocupaciones que hay en torno de lo que finalmente pueda terminar decidiendo esa jurisdicción.


La puerta de entrada al tema es la siguiente: la Jurisdicción Especial para la Paz fue una imposición de las Farc al Gobierno colombiano en las negociaciones de La Habana.

 

Cuando empezaron esas conversaciones, el Gobierno presentó al Congreso de la República un proyecto de reforma constitucional que se convirtió en el Acto Legislativo 1 del año 2012, que se llamó el Marco Jurídico para la Paz, impulsado por todo el oficialismo. Era el estatuto de lo que debería ser la justicia transicional. Ahí se tomaban decisiones muy importantes para las organizaciones rebeldes que se desmovilizaran, hicieran dejación de las armas y entregaran a los secuestrados. Los autores de crímenes de lesa humanidad no podían hacer política. En ese acto legislativo se le asignaban funciones muy precisas a la Fiscalía General de la Nación, que iba a priorizar y seleccionar los temas en los cuales procedía la acción penal. 

Pero en ese acto legislativo no se creaba una jurisdicción especial, distinta de la Rama Judicial del Poder Público…

No. No había un aparato ni se creaban tribunales o juzgados, nada, ni una organización paralela, autónoma.

Pero para qué nos quedamos ahí si eso no es lo que se va a aplicar...

Porque eso explica lo que está ocurriendo y lo que va a suceder. Ahí se hablaba de que soldados y policías tendrían un régimen especial, definido por una ley estatutaria. Eso se confirma en otros actos legislativos que organizan la justicia penal, militar y policial, y que repiten que los generales y los almirantes tienen fuero ante la Corte Suprema de Justicia. Ese era el punto de vista jurídico y político del Gobierno. Y con esa idea, con ese punto de vista, se fueron a La Habana. 

Y allá les dijeron: ¡mamola!

Correcto. Cuando había que definir el tema las Farc dijeron: “Esa es una decisión unilateral del Estado colombiano, que no nos obliga ni nos compromete”, el Gobierno aceptó entrar a negociar el tema. Empezaron de ceros y ahí es donde juegan un papel muy importante el señor Enrique Santiago, que asesoró en el tema de la JEP, y Álvaro Leyva

¿Se puede decir que ellos fueron definitivos en la JEP?

Sí, porque es ahí donde se meten dos grandes decisiones: uno, se crea una organización, porque no se confía en el aparato judicial del Estado colombiano. Hay unas declaraciones de Santiago donde dice: “No podemos someternos al aparato judicial colombiano porque está hecho para juzgar a los rebeldes en armas, no para juzgar a los responsables, particulares, civiles, a los servidores del Estado, mucho menos a los militares”. Y cita unas cifras, unos porcentajes. Y segundo, ahí meten a los soldados y a los policías bajo la autoridad de la Jurisdicción Especial de Paz. Que son los dos puntos críticos y los que han dado lugar a todas las consecuencias. Ahora bien, esto no empieza con pie derecho por los errores del secretario…

Yo quiero hablar de eso. El secretario ejecutivo es un particular, un contratista de la ONU. ¿Cómo puede uno entender que esté repartiendo jurisdicciones y dando por hechas confesiones de alguien que no las hizo? 

El Gobierno Nacional y el Congreso, en reforma constitucional, aceptaron que el secretario ejecutivo, antes de que empezara a funcionar la JEP, podía expedir unos certificados, podía firmar unas actas de compromiso para darles la libertad a guerrilleros y a militares.

¿O sea que el señor no está posesionado oficialmente, es un contratista de la ONU y puede hacer eso? 


Bueno, un momentico. La reforma constitucional –le entrego los textos con mayúsculas y subrayado– dice que el señor puede hacer eso a partir del momento en que rija, y esa reforma constitucional empezó a regir apenas ayer (miércoles), cuando fue publicada en el Diario Oficial –ahí le doy también el número del Diario Oficial–. Y antes de eso, de hecho, el señor estaba ejerciendo esas funciones. Y ejerciéndolas equivocadamente, porque él dice que el exministro Diego Palacio está sujeto a la autoridad de la JEP en virtud de que reconoce, admite, acepta que cometió un delito. Y el señor Palacio le dice: “Perdón, yo no he dicho eso”. Y el otro dice: “Ah, bueno, me equivoqué, usted no ha dicho eso, pero sigue sujeto a la jurisdicción de la famosa JEP”.

¿Entonces no se la quitó?

Hasta donde yo sé, no. 

¿Qué le puede pasar al doctor Correa?

El doctor Correa cometió una equivocación gravísima; le atribuyó a un señor interesado en la JEP unas declaraciones que no dio y, segundo, ha tomado unas atribuciones que no tiene como particular. 

Yo creo que él se ha equivocado de manera grave en dos cosas: uno, ejerció funciones jurisdiccionales antes de que pudiera hacerlo, según el texto constitucional, porque ese acto legislativo solo fue sancionado el miércoles, y promulgado en el Diario Oficial, y él lleva 8, 15, 20 días actuando. Ejerció funciones antes de que la Constitución lo autorizara. Y segundo, se equivocó en materia grave atribuyéndole a una de las personas afirmaciones que no había hecho, y con base en las cuales le dijo: Usted es objeto de decisiones de la jurisdicción especial”.

Cosas que no podía hacer...

El nombramiento de él es provisional. Él viajó a La Habana para hacer su ‘lobby’, para que lo nombraran. Ese nombramiento le habría correspondido a una comisión de cinco personas, entre ellas tres extranjeros. Y hay un decreto del Gobierno que les asigna funciones. En ese decreto hay un artículo que es una perla, dice que quienes nombran al secretario ejecutivo y a los magistrados del tribunal no asumen ninguna responsabilidad por los nombramientos. Están exentos de responsabilidades. Eso se me hace de una gravedad extrema. 

O sea que si el magistrado resulta malo, corrupto, parcial y politizado no es por cuenta de ellos…

No. Si vendieron el nombramiento, ellos no responden. Hoy un magistrado de la Corte Suprema, cuando nombra magistrados de tribunales o del Consejo de Estado, responde por la designación que hizo. Responde disciplinaria, penal y fiscalmente. Yo me imagino que los extranjeros impusieron esa condición. 

¿La Corte Penal Internacional va a aceptar las decisiones de esta gente? 

¿O va a intervenir? Ese es un tema que no está decidido. Está claro que la JEP se va a ocupar de la situación judicial de 700 miembros de las Farc, porque el 90 por ciento de los 7.000 vinculados a las zonas veredales van a ser amnistiados e indultados. Se va a ocupar de 700. ¿De cuántos militares y policías se va a ocupar? Del orden de 5.000. ¿Y de cuántos civiles o particulares? No está determinado. Eso crea más incógnitas y mucha incertidumbre para las personas que acudan a ella voluntariamente o porque los llamen. 

¿Y de los militares qué?

En el Congreso, una senadora, Paola Holguín, presentó un proyecto de ley sobre el régimen penitenciario de soldados y policías, y la Comisión Segunda del Senado invitó al Ministro de Defensa para decirle: “Ministro, qué piensa de este proyecto de ley?”. Un proyecto de ley que no ordenaba la detención domiciliaria y que planteaba que si en determinado tiempo no les imputaban cargos pues recuperaban la libertad. El ministro no fue, mandó una carta diciendo que era loable la iniciativa, pero les pidió el favor de que no la tramitaran porque la situación judicial de militares y policías sería definida en otra instancia. La definieron en La Habana.

¿O sea que en La Habana definieron que los delitos de los militares se juzgan de acuerdo a como quieran las Farc?

Obviamente. Cosa que no ha aceptado ningún Estado en el mundo. Por eso es que Enrique Santiago y Álvaro Leyva lo presentan como modelo único en el mundo. Ningún Estado, ni siguiera los fallidos, lo ha aceptado. Ellos dicen que es modelo ejemplar para el planeta. Si es tan bueno, ¿por qué no lo presentaron en España para arreglar el problema con la Eta? La JEP es un modelo de justicia impuesto por las Farc.

Cuando Uribe dice que no se llama JEP sino JEF porque es una justicia especial para las Farc, ¿tiene razón?

Tiene razón en la medida en que es un modelo definido por las Farc. En todo proceso de paz ha habido un régimen de justicia transicional, aplicable a los rebeldes en armas, no aplicable a las fuerzas del Estado, no aplicable a los servidores del Estado. Se lo pueden incluso aplicar a terceros, a civiles que por una u otra razón se vincularon al proceso. Si un Estado no es capaz de investigar y juzgar a sus soldados y policías, tiene que arrendar las oficinas y entregar las llaves.

¿Cómo puede ser que el tratamiento para los de las Farc sea distinto al de los militares?

Parte de una consideración de fondo. Los de las Farc cometieron delitos políticos y conexos. Aquí decidieron que el narcotráfico es conexo. Y uno no puede decir que los militares, los policías y los soldados cometieron delitos conexos, punto primero. Punto segundo, al adoptarse un régimen de beneficios penales que sensiblemente les dé un mismo tratamiento en la medida en que reducen las penas, cambian la definición de los delitos. Pero el punto es quién define el régimen de los soldados y policías, ¿la negociación con la guerrilla o el Estado?

La negociación con la guerrilla…

Así fue como ocurrió.

Una transacción del Estado con las Farc…

Lo que quería el Estado era otra cosa. Pero cuando se fue a La Habana, las Farc le dijeron: “Ese marco jurídico para la paz que nos trae tiene huevo, bote eso a la caneca y lo arreglamos aquí”.

MARÍA ISABEL RUEDAcastro jaime

 

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UNA GRAN ALIANZA REPUBLICANA DEL NO

 

 

 

Es necesaria una gran alianza que reuna a los partidos, movimientos y grupos que conformaron la alianza del NO

Rafael Nieto Loaiza

Por Rafael Nieto Loaiza 
Marzo 15 de 2017

Hoy Zuluaga ha puesto en espera su precandidatura. El suyo es un gesto generoso y responsable que merece ser aplaudido. Su salida deja abierto el panorama de las candidaturas. Sin embargo, creo que no es el momento de concentrarse en el nombre del posible candidato.

Primero porque es prematuro y riesgoso. Con Santos afloró una judicialización muy peligrosa de la política, donde se instrumentaliza el sistema judicial para atacar a los contradictores.

Después, porque hay tres tareas más urgentes e importantes y las precandidaturas nos distraen. Una, construir la gran alianza que permita ganar la presidencia en el 2018. Ese triunfo debe ser el gran objetivo porque ahí nos jugamos el futuro de la patria y el de nuestros hijos. Y no podremos ganar sino con esa coalición.

Es necesaria una gran alianza republicana

Esa alianza, que he llamado frente republicano, debe tener como base los partidos, movimientos y grupos que conformaron la coalición del No, pero ampliándose a muchos que votaron Sí pero que están inconformes con este desastre de gobierno y a los millones que se abstuvieron, a quienes hay que ofrecer esperanza y un futuro.

La segunda labor es construir una plataforma de gobierno que permita al nuevo gobierno hacer de inmediato los cambios políticos, institucionales y normativos indispensables para retomar el rumbo de inversión, generar riqueza, y recuperar la seguridad que se perdió con Santos. Esa plataforma no puede centrarse solo en los desastres del acuerdo remendado con las Farc. Debe atacar los cuatro enemigos: narcotráfico, violencia e inseguridad, pobreza y corrupción. Y construirse sobre cinco pilares que den esperanza a los ciudadanos: defender y recuperar la Constitución y la democracia representativa; construir un país donde todos sean propietarios y eliminemos la pobreza; recuperar la ética y los valores de la familia; luchar contra la corrupción; y proteger el medio ambiente para que el desarrollo sea sustentable.

La educación, la salud pública, la infraestructura y la vivienda, la ciencia y la tecnología, las comunicaciones, deberían estructurarse alrededor de esos pilares.

Por último, es indispensable construir estructuras de partido. El Centro Democrático es un partido jovencísimo, de apenas tres años. Necesita organización regional y local, grupos de pensamiento programático, identificar líderes a lo largo y ancho del país y de posibles candidatos para concejos, asambleas y Congreso. El CD debe saltar a por lo menos 30 senadores y 40 representantes y ser el partido con mayor representación en el parlamento. Y los partidos y movimientos que formen la alianza deben obtener los congresistas que falten para conseguir las mayorías indispensables para asegurar la gobernabilidad y el gran cambio.

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SANTOS SE "ACULILLÒ" ANTE 70 INVASORES VENEZOLANOS Y EL EJERCITO NO CUMPLIÒ CON SU DEBER

RUEDA MARIA NO FUÈ TARDANZA NI DIPLOMACIA,SINO FALTA DE COJONES Dijo un Senador
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Un cuento muy divertido de la narrativa paisa es el del inspector de policía de Orobajo, a quien llamaron un día para que hiciera el levantamiento de un cadáver. El funcionario, muy juicioso, escribió en su informe: “Luego de ocho horas a caballo, llegué al lugar de la diligencia y me encontré con el hecho anómalo de que el muerto no había fallecido todavía, por lo que tuve que esperar a que ocurriera para proceder al respectivo levantamiento”.

 

Con la invasión de setenta soldados armados (¿o 123, como alcanzó a decir algún medio?) a territorio colombiano, al Director de Soberanía de la Cancillería, encargado de traerle un informe al Gobierno, le pasó algo semejante. Que cuando llegó al lugar se encontró con un hecho anómalo: un campamento militar venezolano instaladísimo, con bandera enarbolada y todo, en territorio colombiano. Y hubo que esperar a que quisieran irse el coronel venezolano y sus soldados para que el funcionario pudiera completar su diligencia de informarle al Gobierno que nuestra soberanía había quedado restituida.

Desde luego, son días en los que toca tener extraordinario cuidado con caer en una provocación de la vecindad y desplegar todas las artes de la diplomacia para no quedar ensartados en un incidente militar con Venezuela, que sabemos dónde empieza, pero no dónde termina.

Pero una cosa es la cautela y otra, la tardanza. Hubo cautela del Gobierno en el manejo del episodio, pero también una tardanza inexplicable en que el país se enterara de que habíamos sufrido una ocupación militar venezolana durante varios días; o bien el Gobierno no supo oportunamente y nuestro Ejército tampoco, o bien supieron pero se lo guardaron muy guardado.

¿Merecíamos los colombianos enterarnos de lo que estaba pasando? Yo creo que sí. Esto no fue una incursioncita de esas que hacen con frecuencia los militares venezolanos, que “confunden” un mojón fronterizo o se “equivocan” por unos centímetros con el espacio aéreo colombiano. Fue una ocupación militar con todos sus fierros. Y cuando digo fierros no solo me refiero a las armas que traían consigo, sino a las inmensas estructuras metálicas que se tomaron el trabajo de instalar y que indicaban que sus pretensiones iban para largo. Hasta dijeron venir preparados para dragar el río Arauca. 

Lo que sucedió va contra todo principio del respeto internacional. Quizás no sea nada casual que suceda ahora que la OEA, según ha anunciado su secretario, Luis Almagro (todo lo contrario a lo que hizo su antecesor, que miró para el otro lado), aplicará la Carta Democrática, que no es más que un mecanismo jurídico aceptado y firmado por Venezuela para llamarles la atención a los países que se salen de la autopista democrática, como lo ha hecho Maduro, que ya anda expropiando panaderías. 

Cuando uno se atreve a decir en este país que a Maduro hay que exigirle respeto, lo confunden con que uno está pidiendo que declaremos la guerra. Nada de eso. Pero ¿por qué Maduro no se mete con Brasil? Es inimaginable que se atreviera a ordenar en su territorio la misma provocación. No creo que se atrevería a hacerlo ni siquiera con Guyana, un país pequeñito, pero con todos los ingleses detrás. ¿Por qué con Colombia sí se atreve? ¿Qué nos ha faltado en el lenguaje diplomático para que el régimen de Maduro entienda que eso de andar invadiendo países es una agresión que está muy mal vista internacionalmente, además de que puede resultar un juego especialmente peligroso en el ambiente de crispación que vive su país?

Puede que esto no escandalice a las naciones que no firmaron la petición a Almagro de aplicar la Carta Democrática de la OEA, como Nicaragua, Bolivia, Ecuador o algunos países caribeños, que hace mucho tiempo Colombia abandonó diplomáticamente en manos de la política petrolera venezolana. Pero al resto de países que conforman la OEA sí les tiene que parecer muy mal hecho que Maduro se invente una invasión para ponerle ya no una cortina, sino un telón, a su catastrófico momento político. Y Colombia podría aprovechar esos canales de la OEA para lograr que Venezuela le “jale al respetico”. Porque esta vez hubo una ocupación territorial en un lugar donde el inmenso río Arauca no deja lugar a ninguna ambigüedad limítrofe, y nosotros prácticamente ni nos enteramos. 


MARÍA ISABEL RUEDA

 

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EL PANTANO DE VARGAS SIN SANTOS

Ana Marìa Abello

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German Vargas Lleras dijo que se va a lanzar a la presidencia de la república por firmas. La pregunta del millón es: ¿Por qué por firmas y no, como naturalmente debería ser, como el candidato de Cambio Radical? En mi opinión Vargas Lleras tiene que hacer una campaña fuerte contra Juan Manuel Santos para recuperar la credibilidad del electorado, si lo hace siendo parte de su partido, inevitablemente Cambio Radical tendría que separarse de la Unidad Nacional, lo que implicaría que perdería su fortín político representado en la burocracia que ha logrado acumular durante todos estos años.

Buscando tener lo mejor de ambos mundos, Cambio Radical seguirá votando de acuerdo a las directrices de la Unidad Nacional a cambio de que su burocracia no sea alterada. Al final, en el 2018, el partido del vicepresidente lo apoyará con votos para las elecciones. Al vicepresidente no se le acaban las pilas de su calculadora política, esperemos que el Centro Democrático no caiga en la tentación de una alianza con él porque hay factores que en apariencia suman pero que al final terminan restando.

El espejo de Ecuador

Esta semana se celebraron las elecciones presidenciales en Ecuador y pienso que lo que ha sucedido allá merece una reflexión frente a la situación colombiana. El común denominador de las democracias latinoamericanas que se han visto invadidas del cáncer Castro-Chavista es que la oposición no ha sabido organizarse y dejar de lado los egos para enfrentarse en bloque contra el respectivo dictador. En Ecuador sucedió lo mismo, contra Lenin Moreno – candidato de Rafael Correa – se presentaron siete candidatos de la oposición. El resultado fue el esperado, se dividieron los votos y, en vez de ganarle a Moreno en primera vuelta, han tenido que plantarse frente al Consejo Nacional Electoral para asegurarse de que no les hagan fraude y puedan llegar a la segunda vuelta donde el fraude también será el plato del día.

Como en todos los regímenes bendecidos por los Castro-Chavistas, los abundantes actos de corrupción sólo podrán ver la luz del día cuando salgan del poder, razón suficiente para buscar enquistarse y que no les suceda lo mismo que les está sucediendo a Cristina Fernández de Argentina y a Dilma Rousseff y Lula Da Silva de Brasil.

En Colombia Juan Manuel Santos se está jugando una mayor partida que el resto. Tiene en juego la implementación del acuerdo con las Farc y pronto también con el ELN y además tiene a sus espaldas escándalos de corrupción de la talla de Odebrecht, Reficar etc. Evidentemente si la oposición en Colombia no se pellizca y cree que va a tener la oportunidad de llegar a segunda vuelta para hacer alianzas, cometerá un grave error. Santos concentrará todos sus esfuerzos en que su candidato gane en primera vuelta para no arriesgarse a perder en segunda.

¿Qué queremos del próximo presidente de Colombia?

El año pasado quedó demostrado que el mundo está aburrido de las posiciones blandas y calculadoras de los políticos. El Brexit, Donald Trump y el triunfo del No en Colombia son los ejemplos de que, aunque las posturas puedan ser en apariencia controversiales tendrán acogida en el electorado siempre y cuando se entrevea una verdadera sinceridad. En el caso del plebiscito vimos que, durante meses, Juan Manuel Santos bombardeó al pueblo a través de todos los medios de comunicación para convencer a los incautos que votar por el No era el equivalente a votar por la guerra. Los que tuvimos la suficiente capacidad de raciocinio entendimos que la paz jamás podría venir de un proceso cuyos objetivos eran otorgar impunidad al grupo narcoterrorista más poderoso del planeta y, no contentos con eso, también darles cabida en el escenario político del país.  Por eso, y por ninguna otra razón, gano el No.

Quien aspire a la presidencia de Colombia tendrá que dejar de lado los cálculos políticos arriesgándose a decir cosas que levantarán ampollas. Algunos ejemplos de lo que los colombianos queremos oír: En cuanto al acuerdo de paz, éste tendrá que ser desmontado por completo excepto en lo referente a la reincorporación a la vida civil de las bases guerrilleras, muchos de los cuales también son víctimas de las cabecillas. En el plano económico tendrá que hacer un verdadero remesón acabando con los miles de puestos públicos creados por Santos, tendrá que rebajar el IVA y otros impuestos como el empresarial y tendrá que acabar con el impuesto más costoso para Colombia, la corrupción. Nuestro sistema de salud está enfermo, el próximo presidente debe presentar propuestas claras y viables para sacarlo de cuidados intensivos. La justicia en este país no funciona, el próximo presidente tiene que hacer una reforma sustancial. Por último, el próximo presidente tiene que lograr que Colombia retorne a la legalidad y a la institucionalidad mientras recuperamos la fe en nuestra democracia.

@ANIABELLO_R

 

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