Viernes 24 de Enero de 2020
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LOS MEDIOS TRADICIONALES: PERIODISMO DE NOTICIAS FALSAS

Medios tradicionales: industria de noticias falsas Destacado

Gustavo Rugeles                                    

Un recuento de las mentiras publicadas por los medios de comunicación aliados del poder que tiemblan ante el periodismo independiente.

El director de la Fundación Buen Gobierno Martín Santos y la presentadora de noticias, Camila Zuluaga, se juntaron desde hace algunos meses en torno a una iniciativa llamada ‘No como cuento’ con el fin de combatir las noticias falsas que, según ellos, provienen de las redes sociales y de los medios de comunicación independientes que circulan en la web. La empresa se ganó rápidamente la solidaridad de cuerpo de la mayoría de medios oficiales como Semana, El Tiempo, El Espectador, Caracol, La W, y curiosamente de la Fundación Para la Libertad de Prensa Flip. Pero también hicieron méritos para ganarse el rechazo y la apatía de la ciudadanía. En efecto, en tiempos de la democratización de la información, la gente ya no come cuento y los gobiernos y los medios tradicionales perdieron el monopolio con el que durante décadas han manipulado a su antojo la agenda política e informativa del país.

Por más que intenten disfrazar de altruista su iniciativa, no logran ocultar el miedo y la envidia que les producen las nuevas expresiones periodísticas que se han ganado la credibilidad de millones de lectores y están dando cátedra en materia de investigación e independencia. No es difícil encontrar ejemplos que permiten demostrar que los ‘grandes medios’ son los mayores generadores de noticias falsas. Algunos de los casos más recientes.

En la campaña presidencial del 2014 la Revista Semana se prestó para publicar vídeo editado y filtrado por la Fiscalía de Eduardo Montealegre y Jorge Perdomo que sirvió de prueba para a empapelar a Óscar Iván Zuluaga y crear el escenario que ayudó al triunfo de Juan Manuel Santos. Con el tiempo, una investigación publicada en Las2Orillas y posteriores declaraciones ante la Corte del exdirector del CTI Julián Quintana comprobaron que se trató de un burdo montaje orquestado desde Palacio, la Fiscalía y la Dirección Nacional de Inteligencia, con la ayuda de Semana y los grandes medios de comunicación. Primera Fake News.

En marzo de 2015 cuando estalló la acusación contra Jorge Pretelt el portal La Silla Vacía informó que el expresidente Uribe estuvo en el edificio Emaus en el apartamento del entonces magistrado. Se rarificaron y solo después de un tiempo y contra todas las evidencias resolvieron hacer una tibia rectificación.

El 4 de abril de este año la mayoría de medios oficiales titularon al unisono: ‘Diego Palacio reconoció cohecho en la reelección de Álvaro Uribe’. El exministro no ha reconocido tal cosa y desde su lugar de reclusión tuvo que salir a desmentir esa información. Fueron pocos los medios que accedieron a rectificar el error.

El 27 de abril de 2015 Blu Radio tituló: ”La U y el Centro Democrático se encontrarían para construir acuerdo en torno al proceso de paz”. Ese encuentro nunca ocurrió y no se conoce rectificación por parte de la emisora que dirige Néstor Morales.

En febrero de este año El Tiempo publicó una nota titulada ‘El dinero de Odebrecht no fue a campaña de Santos’, basada en un manuscrito del excongresista detenido por la corrupción de Odebrecht en el que textualmente decía: ‘no me consta que el dinero de Odebrecht haya ingreso a la campaña Santos Presidente’. Las palabras del ex congresista fueron tergiversadas intencionalmente en el periódico que dirige Roberto Pombo, amigo y cuñado del Presidente Santos.

En su columna del 5 de septiembre de 2015 titulada ‘El ‘e-mail’ de Hillary’ Daniel Coronell afirmó que  ‘El embajador de Estados Unidos en Colombia le recomendó en 2010 a la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, que fuera prudente en los elogios a Álvaro Uribe y que recordara en su reunión con él temas como la parapolítica, las chuzadas del DAS y los falsos positivos’. El embajador William Brownfield lo desmintió categóricamente en una carta fechada el 9 de septiembre de 2015.

El 24 de agosto de 2016 Caracol Radio tituló: ”Las Farc no tendrán curules en el Congreso, pero sí voceros”. El tiempo fue el aliado de la verdad. Firmado el acuerdo de paz quedó claro que las Farc sí tendrán asientos en el Congreso.

El 29 de septiembre de 2016 en medio de la campaña por el Plebiscito en la que la mayor parte de los medios oficiales pasaron la linea entre información y activismo político participaron en la campaña del SÍ al Plebiscito la Revista Semana publicó un artículo titulado ‘Las cinco mentiras del plebiscito que circularon por WhatsApp’.  En el cuarto punto de ese artículo dicen: ”La cadena emblemática del plebiscito fue, sin duda, “Timo presidente”. Mediante audios, texto e imágenes usuarios inescrupulosos reforzaron la idea de que en las próximas elecciones podría participar Rodrigo Londoño, alias Timochenko, y peor aún también señalaban que por cuenta del acuerdo se impondría en una elección poco democrática”. El jefe de las Farc hoy es candidato presidencial como se advirtió durante la campaña del plebiscito en la que los grandes medios que tomaron partido terminaron sufriendo una estruendosa derrota que marcó el principio de su fin como los grandes difusores de noticias falsas y manipuladores de la información.

Dato 1: Las valijas en las que las Farc llevado sus millones de dólares a Cuba según el investigador estadounidense Douglas Farah habrían salido del aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón en vuelos chárter de la Aerolínea SEARCA entre abril y mayo de 2016

Dato 2: Entre enero de 2013 y mayo de 2015 el fiscal Eduardo Montealegre visitó exactamente 24 veces el despacho del corrupto Magistrado José Leonidas Bustos ¿De qué tanto hablaban?

Dato 3: ¿Qué pasa con la investigación por el cartel del volteo de tierras en el departamento del Vichada? La fiscalía ha dado resultados en otros departamentos pero no ha informado del avance de la investigación contra el alcalde de Cumaribo, Hermenegildo Beltrán Sosa.

@GustavoRugeles

Los Irreverentes, noviembre 4 de 2017

 

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FAJARDO OTRO SANTISTA

mauricio-vargas

 
14 de octubre 2017 , 11:04 p.m.
 

Ya era hora de que Germán Vargas y sus amigos se fueran del gobierno de Juan Manuel Santos. Las marcadas diferencias conceptuales entre el Presidente y quien fuera su vicepresidente entre 2014 y enero pasado saltaban a la vista desde hace tiempo; por ejemplo, en lo relacionado con el capítulo de justicia de los acuerdos de La Habana. Como lo explicó Vargas hace un año en ‘Semana’, no compartía ni los excesos de generosidad con los comandantes de las Farc ni la Jurisdicción Especial de Paz, que, en algunos aspectos, amenaza con ensañarse mucho más con los civiles que se vieron involucrados en el conflicto –a veces como víctimas de extorsión– que con los propios asesinos.

 

Vargas no actuó en consecuencia y cometió el error de quedarse demasiado al lado de un mandatario muy impopular: las encuestas indican que ha pagado por ello un costo importante. Pero la carrera presidencial apenas arranca y, liberado de sus ataduras con el Gobierno, habrá que ver si Vargas es capaz de hacer valer sus propuestas y sus ejecutorias. Se equivocaría si se acerca ahora al expresidente Álvaro Uribe: eso lo derechiza y les deja los votantes de centro a sus adversarios.

Le ayuda que ya no quedará etiquetado como el candidato de Santos. En esa competencia, sus acciones se vinieron abajo esta semana, mientras que aumentaron las del exalcalde de Medellín Sergio Fajardo y las de los liberales Humberto de la Calle y Juan Fernando Cristo. Fajardo se puso arriba en intención de voto en la muy respetada encuesta de Gallup, pero De la Calle y Cristo enfrentan problemas de viabilidad: ni ellos ni su partido cuentan con buenos respaldos en la opinión.

La jefatura única de César Gaviria, el hombre que hace 25 años representó la renovación, hoy huele a viejo país. Para rematar, la consulta que harán los liberales en noviembre para escoger candidato puede saldarse con una votación lánguida que deje al liberalismo con la imagen de un partido de garaje al que apenas le alcance para sumarse a la cola de la coalición de Fajardo, Claudia López y Jorge Robledo.

En estos momentos, Fajardo tiene todas las boletas para convertirse en el candidato de Santos: es viable –y eso le importa al Presidente–, ha sido solidario con la política de paz y, con su alianza con la izquierda, es prenda de garantía para las Farc, un punto clave para Santos, quien sabe que su legado se centra en que los acuerdos de Cuba se mantengan intactos más allá de los muchos defectos que arrastran.

Fajardo ya tiene jefe de debate en el Gobierno: ni más ni menos que la muy poderosa ministra de Industria y Comercio, María Lorena Gutiérrez, cuya enemistad con Vargas es bien conocida y quien, según me aseguran varias fuentes, considera a Cristo poca cosa y a De la Calle muy flojito. A la ministra Gutiérrez la acompaña la mismísima primera dama de la nación, Tutina Rodríguez de Santos, quien jamás ha ocultado su admiración por el exgobernador de Antioquia. Otro pilar fajardista es el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, así como las exministras Gina Parody y Cecilia Álvarez.

Fajardo retribuye ese respaldo con su actitud de cero críticas al Gobierno, que contrasta con los cuestionamientos tanto de Cristo como de De la Calle en aspectos como la política económica. Respalda a pie juntillas los acuerdos de La Habana y, en materia de erradicación de cultivos ilícitos, apoya de manera íntegra la política de Santos y de sus ministros de Salud y de Defensa, Luis Carlos Villegas, de acabar con la fumigación aérea. Considera, como lo dijo esta semana en una entrevista de TV con Juan Lozano, que solo con el acuerdo de las comunidades cocaleras se puede acabar con esos cultivos. La campaña apenas arranca, pero algunas cosas comienzan a lucir más claras.

MAURICIO VARGAS
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14 de octubre 2017 , 11:04 p.m.
 

Ya era hora de que Germán Vargas y sus amigos se fueran del gobierno de Juan Manuel Santos. Las marcadas diferencias conceptuales entre el Presidente y quien fuera su vicepresidente entre 2014 y enero pasado saltaban a la vista desde hace tiempo; por ejemplo, en lo relacionado con el capítulo de justicia de los acuerdos de La Habana. Como lo explicó Vargas hace un año en ‘Semana’, no compartía ni los excesos de generosidad con los comandantes de las Farc ni la Jurisdicción Especial de Paz, que, en algunos aspectos, amenaza con ensañarse mucho más con los civiles que se vieron involucrados en el conflicto –a veces como víctimas de extorsión– que con los propios asesinos.

 

Vargas no actuó en consecuencia y cometió el error de quedarse demasiado al lado de un mandatario muy impopular: las encuestas indican que ha pagado por ello un costo importante. Pero la carrera presidencial apenas arranca y, liberado de sus ataduras con el Gobierno, habrá que ver si Vargas es capaz de hacer valer sus propuestas y sus ejecutorias. Se equivocaría si se acerca ahora al expresidente Álvaro Uribe: eso lo derechiza y les deja los votantes de centro a sus adversarios.

Le ayuda que ya no quedará etiquetado como el candidato de Santos. En esa competencia, sus acciones se vinieron abajo esta semana, mientras que aumentaron las del exalcalde de Medellín Sergio Fajardo y las de los liberales Humberto de la Calle y Juan Fernando Cristo. Fajardo se puso arriba en intención de voto en la muy respetada encuesta de Gallup, pero De la Calle y Cristo enfrentan problemas de viabilidad: ni ellos ni su partido cuentan con buenos respaldos en la opinión.

La jefatura única de César Gaviria, el hombre que hace 25 años representó la renovación, hoy huele a viejo país. Para rematar, la consulta que harán los liberales en noviembre para escoger candidato puede saldarse con una votación lánguida que deje al liberalismo con la imagen de un partido de garaje al que apenas le alcance para sumarse a la cola de la coalición de Fajardo, Claudia López y Jorge Robledo.

En estos momentos, Fajardo tiene todas las boletas para convertirse en el candidato de Santos: es viable –y eso le importa al Presidente–, ha sido solidario con la política de paz y, con su alianza con la izquierda, es prenda de garantía para las Farc, un punto clave para Santos, quien sabe que su legado se centra en que los acuerdos de Cuba se mantengan intactos más allá de los muchos defectos que arrastran.

Fajardo ya tiene jefe de debate en el Gobierno: ni más ni menos que la muy poderosa ministra de Industria y Comercio, María Lorena Gutiérrez, cuya enemistad con Vargas es bien conocida y quien, según me aseguran varias fuentes, considera a Cristo poca cosa y a De la Calle muy flojito. A la ministra Gutiérrez la acompaña la mismísima primera dama de la nación, Tutina Rodríguez de Santos, quien jamás ha ocultado su admiración por el exgobernador de Antioquia. Otro pilar fajardista es el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, así como las exministras Gina Parody y Cecilia Álvarez.

Fajardo retribuye ese respaldo con su actitud de cero críticas al Gobierno, que contrasta con los cuestionamientos tanto de Cristo como de De la Calle en aspectos como la política económica. Respalda a pie juntillas los acuerdos de La Habana y, en materia de erradicación de cultivos ilícitos, apoya de manera íntegra la política de Santos y de sus ministros de Salud y de Defensa, Luis Carlos Villegas, de acabar con la fumigación aérea. Considera, como lo dijo esta semana en una entrevista de TV con Juan Lozano, que solo con el acuerdo de las comunidades cocaleras se puede acabar con esos cultivos. La campaña apenas arranca, pero algunas cosas comienzan a lucir más claras.

MAURICIO VARGAS
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14 de octubre 2017 , 11:04 p.m.
 

Ya era hora de que Germán Vargas y sus amigos se fueran del gobierno de Juan Manuel Santos. Las marcadas diferencias conceptuales entre el Presidente y quien fuera su vicepresidente entre 2014 y enero pasado saltaban a la vista desde hace tiempo; por ejemplo, en lo relacionado con el capítulo de justicia de los acuerdos de La Habana. Como lo explicó Vargas hace un año en ‘Semana’, no compartía ni los excesos de generosidad con los comandantes de las Farc ni la Jurisdicción Especial de Paz, que, en algunos aspectos, amenaza con ensañarse mucho más con los civiles que se vieron involucrados en el conflicto –a veces como víctimas de extorsión– que con los propios asesinos.

 

Vargas no actuó en consecuencia y cometió el error de quedarse demasiado al lado de un mandatario muy impopular: las encuestas indican que ha pagado por ello un costo importante. Pero la carrera presidencial apenas arranca y, liberado de sus ataduras con el Gobierno, habrá que ver si Vargas es capaz de hacer valer sus propuestas y sus ejecutorias. Se equivocaría si se acerca ahora al expresidente Álvaro Uribe: eso lo derechiza y les deja los votantes de centro a sus adversarios.

Le ayuda que ya no quedará etiquetado como el candidato de Santos. En esa competencia, sus acciones se vinieron abajo esta semana, mientras que aumentaron las del exalcalde de Medellín Sergio Fajardo y las de los liberales Humberto de la Calle y Juan Fernando Cristo. Fajardo se puso arriba en intención de voto en la muy respetada encuesta de Gallup, pero De la Calle y Cristo enfrentan problemas de viabilidad: ni ellos ni su partido cuentan con buenos respaldos en la opinión.

La jefatura única de César Gaviria, el hombre que hace 25 años representó la renovación, hoy huele a viejo país. Para rematar, la consulta que harán los liberales en noviembre para escoger candidato puede saldarse con una votación lánguida que deje al liberalismo con la imagen de un partido de garaje al que apenas le alcance para sumarse a la cola de la coalición de Fajardo, Claudia López y Jorge Robledo.

En estos momentos, Fajardo tiene todas las boletas para convertirse en el candidato de Santos: es viable –y eso le importa al Presidente–, ha sido solidario con la política de paz y, con su alianza con la izquierda, es prenda de garantía para las Farc, un punto clave para Santos, quien sabe que su legado se centra en que los acuerdos de Cuba se mantengan intactos más allá de los muchos defectos que arrastran.

Fajardo ya tiene jefe de debate en el Gobierno: ni más ni menos que la muy poderosa ministra de Industria y Comercio, María Lorena Gutiérrez, cuya enemistad con Vargas es bien conocida y quien, según me aseguran varias fuentes, considera a Cristo poca cosa y a De la Calle muy flojito. A la ministra Gutiérrez la acompaña la mismísima primera dama de la nación, Tutina Rodríguez de Santos, quien jamás ha ocultado su admiración por el exgobernador de Antioquia. Otro pilar fajardista es el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, así como las exministras Gina Parody y Cecilia Álvarez.

Fajardo retribuye ese respaldo con su actitud de cero críticas al Gobierno, que contrasta con los cuestionamientos tanto de Cristo como de De la Calle en aspectos como la política económica. Respalda a pie juntillas los acuerdos de La Habana y, en materia de erradicación de cultivos ilícitos, apoya de manera íntegra la política de Santos y de sus ministros de Salud y de Defensa, Luis Carlos Villegas, de acabar con la fumigación aérea. Considera, como lo dijo esta semana en una entrevista de TV con Juan Lozano, que solo con el acuerdo de las comunidades cocaleras se puede acabar con esos cultivos. La campaña apenas arranca, pero algunas cosas comienzan a lucir más claras.

MAURICIO VARGAS
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14 de octubre 2017 , 11:04 p.m.
 

Ya era hora de que Germán Vargas y sus amigos se fueran del gobierno de Juan Manuel Santos. Las marcadas diferencias conceptuales entre el Presidente y quien fuera su vicepresidente entre 2014 y enero pasado saltaban a la vista desde hace tiempo; por ejemplo, en lo relacionado con el capítulo de justicia de los acuerdos de La Habana. Como lo explicó Vargas hace un año en ‘Semana’, no compartía ni los excesos de generosidad con los comandantes de las Farc ni la Jurisdicción Especial de Paz, que, en algunos aspectos, amenaza con ensañarse mucho más con los civiles que se vieron involucrados en el conflicto –a veces como víctimas de extorsión– que con los propios asesinos.

 

Vargas no actuó en consecuencia y cometió el error de quedarse demasiado al lado de un mandatario muy impopular: las encuestas indican que ha pagado por ello un costo importante. Pero la carrera presidencial apenas arranca y, liberado de sus ataduras con el Gobierno, habrá que ver si Vargas es capaz de hacer valer sus propuestas y sus ejecutorias. Se equivocaría si se acerca ahora al expresidente Álvaro Uribe: eso lo derechiza y les deja los votantes de centro a sus adversarios.

Le ayuda que ya no quedará etiquetado como el candidato de Santos. En esa competencia, sus acciones se vinieron abajo esta semana, mientras que aumentaron las del exalcalde de Medellín Sergio Fajardo y las de los liberales Humberto de la Calle y Juan Fernando Cristo. Fajardo se puso arriba en intención de voto en la muy respetada encuesta de Gallup, pero De la Calle y Cristo enfrentan problemas de viabilidad: ni ellos ni su partido cuentan con buenos respaldos en la opinión.

La jefatura única de César Gaviria, el hombre que hace 25 años representó la renovación, hoy huele a viejo país. Para rematar, la consulta que harán los liberales en noviembre para escoger candidato puede saldarse con una votación lánguida que deje al liberalismo con la imagen de un partido de garaje al que apenas le alcance para sumarse a la cola de la coalición de Fajardo, Claudia López y Jorge Robledo.

En estos momentos, Fajardo tiene todas las boletas para convertirse en el candidato de Santos: es viable –y eso le importa al Presidente–, ha sido solidario con la política de paz y, con su alianza con la izquierda, es prenda de garantía para las Farc, un punto clave para Santos, quien sabe que su legado se centra en que los acuerdos de Cuba se mantengan intactos más allá de los muchos defectos que arrastran.

Fajardo ya tiene jefe de debate en el Gobierno: ni más ni menos que la muy poderosa ministra de Industria y Comercio, María Lorena Gutiérrez, cuya enemistad con Vargas es bien conocida y quien, según me aseguran varias fuentes, considera a Cristo poca cosa y a De la Calle muy flojito. A la ministra Gutiérrez la acompaña la mismísima primera dama de la nación, Tutina Rodríguez de Santos, quien jamás ha ocultado su admiración por el exgobernador de Antioquia. Otro pilar fajardista es el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, así como las exministras Gina Parody y Cecilia Álvarez.

Fajardo retribuye ese respaldo con su actitud de cero críticas al Gobierno, que contrasta con los cuestionamientos tanto de Cristo como de De la Calle en aspectos como la política económica. Respalda a pie juntillas los acuerdos de La Habana y, en materia de erradicación de cultivos ilícitos, apoya de manera íntegra la política de Santos y de sus ministros de Salud y de Defensa, Luis Carlos Villegas, de acabar con la fumigación aérea. Considera, como lo dijo esta semana en una entrevista de TV con Juan Lozano, que solo con el acuerdo de las comunidades cocaleras se puede acabar con esos cultivos. La campaña apenas arranca, pero algunas cosas comienzan a lucir más claras.

MAURICIO VARGAS
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KIM EL DICTADOR DE COREA DEL NORTE QUE AMENAZA LA PAZ DEL MUNDO

kimTRUMP le promete la DESTRUCCIÒN TOTAL DE  SU GUARIDA DE GUERRA,si da el paso mortal.

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CLAUDIA,FAJARDO Y PETRO

DE LA ESPRIELLA1

 

¿Cómo la política colombiana llegó a un estado tan deplorable? ¿En qué momento se desvió el curso del ejercicio democrático, y este dejó de ser una actividad de la inteligencia, para convertirse en el “recicladero” de individuos de menor cuantía? No es sano ni apropiado que la política de la República esté signada por la ramplonería, la carencia de ideas o el odio desbordado de aquellos que ven en el devenir proselitista la mejor oportunidad para generar divisiones, trayendo a colación el manido argumento de la lucha de clases, entre otras posturas que exudan populismo.

El Congreso de hoy en día en nada se parece al de antaño, ese en el que fulguraban, cual ráfagas de luz en medio de la penumbra, los discursos de Alfonso López Pumarejo, Álvaro Gómez Hurtado, Carlos Arango Vélez, Fernando Londoño y Londoño, Gilberto Alzate Avendaño y Alberto Lleras Camargo. Como si se tratara de una broma macabra del destino, la mayoría de congresistas actuales (con algunas dignas excepciones) son la antítesis de aquellos ilustres hombres que llenaron de honor y gloria los anales de la historia de la Patria. Ni que decir de las gobernaciones, alcaldías, asambleas y concejos municipales, cooptadas por mafias de contratistas de quinta categoría, que ven en las finanzas públicas la oportunidad perfecta para enriquecerse de manera ilícita.

En otros tiempos, la corrupción era la excepción y no la regla, por una razón elemental: la estatura moral, intelectual, social y humana de los políticos de entonces los compelía, de una forma u otra, a hacer lo correcto. Los actuales filibusteros de la democracia solo se deben a los financiadores de sus campañas y a sus cómplices, y, en la mayoría de los casos, no tienen un legado, un nombre que proteger, porque, como la verdolaga, surgieron de la nada.

Si por el Congreso y los entes territoriales llueve, en la carrera por la presidencia no escampa. Alguien dirá que cualquiera puede ser presidente, después de que Santos lo logró, y no falta razón en esa afirmación: el primer mandatario de los colombianos no se caracteriza precisamente por su probidad ni mucho menos por su inteligencia. Ese es el círculo vicioso que debemos derrotar en el 2018, eligiendo a un candidato que reúna las condiciones que debe tener el verdadero líder, que ha de retornar a la República a los cauces del orden y del Estado de Derecho, como corresponde.

Sería un despropósito sin par que en el solio de Bolívar se siente alguno de estos punteros en las encuestas: Claudia López, Sergio Fajardo o Gustavo Petro, los dos últimos con investigaciones penales, disciplinarias y fiscales en curso, por cuenta de extraños manejos al frente de la gobernación de Antioquia y la alcaldía de Bogotá, respectivamente. En cuanto a la señora López, se ha sabido, gracias al periodista Gustavo Rugeles, que la “dueña de la moral colombiana” logró tapar en la Corte Constitucional una condena por corrupción en su contra, por hechos cometidos en sus años mozos, cuando era funcionaria de la alcaldía capitalina. Lo anterior se suma al hecho de que los candidatos de marras profesan gran simpatía por las ideas izquierdistas, esas mismas que arrasan todo lo que a su paso encuentran.

Desde la óptica humana, se trata de tres personas lamentables. Claudia López recurre a la ordinariez como forma de expresión (es proverbial su falta de costumbres y buenas maneras); Petro es un ser lleno de complejos, resentimientos y odios como el que más, y Sergio Fajardo, el “culebreo play” que no se compromete con nada y que juega a diez bandas y además se encaja y no usa cinturón, y eso me genera mayor desazón.

Me resisto a creer qué tal fatalidad pueda acaecer. Es hora de derrotar a estos tres como debe ser: con las mayorías.

La ñapa: Está próximo a ser escogido el director de la Unidad de Investigación y Acusación de la JEP, algo así como la fiscalía de ese engendro. De los ochos candidatos, hay tres con un sesgo mamerto inmejorable. Giovanni Álvarez, exfiscal de derechos humanos, cuestionado por un supuesto montaje en el caso del bombardeo a Santo Domingo; Fernando Jiménez, contratista de Fondopaz para gestionar ayudas a los guerrilleros presos, y María Consuelo Rincón, Magistrada de Justicia y Paz que ordenó investigar al expresidente Uribe por paramilitarismo.

 

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VENEZUELA UN GRAN PAÌS.HOY ES UN CAOS;Y SU PROBLEMA ES UN CHOFER COMUNISTA; LA SOLUCIÒN ELIMINARLO DE LA CONDUCCIÒN ESTATAL..

Bolívar-Si lo hacen  VENDRÀ UN NUEVO AMANECER; Dice SIMON BOLIVAR DESDE LA ETERNIDAD.

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